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Apuntes para la democracia en México

“La democracia es el estanque donde desembocan todos los ideales políticos de la modernidad. Ahí se vierten las aspiraciones de libertad y de igualdad, de soberanía y de tolerancia, de participación y de prudencia”.

Jesús Silva-Herzog Márquez


En medio de la efervescencia política nacional y del inicio de las precampañas electorales, es oportuno establecer un par de consideraciones sobre la importancia de la participación política en México, el perfil del elector y los desafíos para el sistema político del país. Nuestra democracia está basada en mecanismos de acceso al poder e instituciones electorales. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Cultura Cívica (ENCUCI 2020) del INEGI, el 52.7% de la población manifestó sentirse muy o algo satisfecha con respecto a la democracia en el país, pero paradójicamente el 76.4% de la población de 15 años o más dijo confiar poco o nada en los partidos políticos, la principal institución para el acceso al poder por la vía electoral. Este hecho representa en sí mismo una contradicción entre el acceso al poder y el ejercicio del poder; misma que ha desembocado en una baja participación en los procesos electorales, explicada en parte por el hartazgo, el escepticismo y el desencanto con la clase política. A este mecanismo de castigo (abstención) debe sumarse el cuestionamiento explícito dirigido al régimen político, a la oferta política y a los gobiernos.


En las elecciones de 2018, el 37% de la Lista nominal no votó y en el proceso electoral de 2021 esta cifra incrementó hasta el 47%. En un ejercicio de acercamiento al elector en el país, el Instituto Nacional Electoral (INE) reveló que, durante el 2018, los jóvenes de entre 18 y 19 años fueron el grupo poblacional con menos participación en los comicios. Por su parte, el segmento de 20 a 29 años registró solamente una participación del 52.8%, equivalente a un 47.2% de personas del grupo que no asistieron a las urnas. En contraste con lo anterior, el segmento de población de 65 a 69 años registró una participación del 73.3%; lo que se traduce en una implicación en el proceso un 20.5% mayor a la de los jóvenes. Ahora bien, debemos incorporar en nuestro planteamiento a la heterogeneidad y a las particularidades de los votantes (grupos socioeconómicos, escolaridad, edad, urbanización, etc.), pues la diferencia de fondo en la participación tendría que responderse por igual a la luz de la cultura electoral, como en la del distanciamiento que existe entre los partidos y los electores, entre las plataformas electorales y las necesidades ciudadanas.

Foto: Protesters, Wix.

¿Qué entendemos, pues, por democracia (más allá del derecho al voto)? Esta ha de ser probablemente una de las reflexiones más populares entre los electores jóvenes. En nuestro contexto actual, no hay duda de que la ciudadanía se pregunta constantemente sobre el sentido de las campañas adelantadas y sobre las perceptibles violaciones a la Ley; esto, sumado al creciente tedio desprendido de la propaganda electoral. Lo que solemos interpretar como desinterés en la política es en ocasiones realmente un cuestionamiento poderoso al principio de la democracia, que reúne en la actualidad simultáneamente a los valores cívicos modernos y a una nada. En este sentido, la democracia electoral que observamos hoy en día no es un fin en sí mismo, sino una evidencia de las prioridades de los partidos políticos: primero el acceso al poder y ya después la construcción de ciudadanía (observable en el proceso electoral adelantado).


Por otra parte, destaco que los retos de la democracia no se agotan, ni se limitan a los procesos electorales. Otros de los grandes cuestionamientos contemporáneos involucran también a la desconfianza social que se tiene hacia las instituciones encargadas de la seguridad pública y procuración de justicia; hacia las conductas de corrupción y a la falta de eficiencia de algunos servidores públicos; así como hacia los mecanismos frágiles que existen para la rendición de cuentas de los representantes del quehacer político. Lo anterior, envuelto en sonados casos en mayor o menor medida en la delincuencia organizada (esto, dicho sea de paso, repercute en el tema de los comicios en la motivación o desmotivación del electorado hacia un partido o candidato u otro; o bien, en afectaciones, incluso violentas, en el proceso que se vive en algunas regiones y/o municipios).


En suma, señalo que a nuestro país le queda aún un largo camino hacia la consolidación y perfeccionamiento de la democracia; no solo de aquella de carácter electoral sino también de la se encarga de condensar un estilo de vida fundamentado en la participación política de la sociedad


Este artículo fue escrito por Edson Magariño, Consultor en Grupo Estrategia Política.



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