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La revisión del T-MEC en el contexto electoral de México y Estados Unidos


 Foto: Gobierno de México, Monitor Comercial TMEC, 2021, https://bit.ly/3T1oJFX


En el 2020 entró en vigor el Acuerdo por el que se reemplazó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), denominado en esta ocasión, “T-MEC” Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Esta nueva versión fue el resultado de arduas negociaciones, mucha voluntad política y de gran flexibilidad entre las naciones para construir un balance en la integración productiva. El objetivo ulterior, fortalecer a la región y consolidarla como una de las fuerzas económicas más competitivas del mundo.


El capítulo 34 del tratado establece que éste concluirá a los 16 años de haber entrado en vigor, salvo que las partes confirmen de común acuerdo que desean continuar por un nuevo periodo de 16 años. Para llegar a esto, se estipula que al año 6 después del inicio de su vigencia (es decir en el 2026), la Comisión de Libre Comercio se reunirá para realizar una revisión conjunta del funcionamiento del acuerdo, de las recomendaciones que se hayan impartido por las partes, así como de las medidas y/o recomendaciones que se hayan emitido sobre su desempeño y, si cada parte reafirma su deseo de prorrogar este tratado, su vigencia será entonces prolongada otros 16 años[1]. Ahora bien, de frente a esta reunión, resulta fundamental tomar en consideración que los próximos comicios en México y Estados Unidos implicarán, entre otras cosas, la participación de nuevos actores y de nuevos planes y programas de gobiernos, lo que podría representar, en igual medida, nuevas oportunidades, o bien, nuevos obstáculos en la manera de vincularse.


Ya en materia electoral, y para el caso de México, concurren dos opciones principales para la Presidencia de la República, siendo una de ellas la candidata Claudia Sheinbaum, quien representa a la coalición “Sigamos Haciendo Historia” (MORENA-PT-PVEM) y a la continuidad de la actual administración. A través de su plataforma electoral, en la vertiente económica, la candidata contempla la necesidad de poner el foco en el fortalecimiento del mercado interno; en el impulso de una economía nacional, libre y abierta encauzada a las exportaciones; en la inversión en la industria nacional y en la consolidación de la rectoría del Estado en los sectores estratégicos productivos, tales como el de energía, las telecomunicaciones y la infraestructura. En cuanto al tratamiento de política exterior, plantea la vinculación de los sectores productivos nacionales con los mercados (principalmente norteamericanos) para detonar un incremento sustantivo en los niveles de exportaciones. Particularmente, la candidata ha afirmado que su administración trabajará en el diseño y la implementación de un esquema que permita una planeación ordenada y clara del nearshoring de manera que éste sea un gran generador de bienestar para la sociedad. El reto, en este sentido, será el fortalecimiento de los vínculos con Estados Unidos para que la inversión sea realizada desde un enfoque social[2].


La otra candidata principal es Xóchilt Gálvez, quien encabeza a la coalición “Fuerza y Corazón por México” (integrada por los partidos PRI-PAN-PRD). Gálvez ha planteado, mediante su plataforma electoral y desde la mirada económica, una economía social de mercado con enfoque a lo circular, el nearshoring y el turismo. Lo anterior, mediante la consolidación de asociaciones público-privadas. Ahora bien, en cuanto al manejo de la política exterior, ha destacado la promoción del multilateralismo, la apertura comercial, la deseable consolidación de diversos tratados de libre comercio y la recuperación de acuerdos climáticos internacionales. Puntualmente, la candidata de la coalición “Fuerza y Corazón por México” ha delineado un proyecto económico[3] en el que destacan: el respeto al Estado de Derecho, el impulso al nearshoring, el desarrollo regional sostenible, la preservación del agua y la transición a energías limpias.


Paralelamente, y por el lado de los Estados Unidos, tenemos también a dos actores bajo los reflectores: el expresidente Trump y el actual Presidente Joe Biden, quienes contendieron asimismo en el año 2020. Sobre el primero, resalta que la mayoría de sus contrincantes republicanos decidieron retirarse del proceso previo a la emisión de votos en las elecciones primarias en Iowa, por lo que éste se impuso con el 51% de las simpatías. Sobre el segundo personaje, del lado demócrata, destaca que el Presidente Biden se mantiene aún como una opción sólida a reelegirse el próximo 5 de noviembre.


En conjunto, y con independencia de los resultados que deriven de los comicios en ambos países, las nuevas administraciones no deberán perder de vista la trilateralidad del tratado, por lo que deberán contemplar en sus programas de gobierno las ventajas y observaciones potenciales que pudieran surgir previo a la revisión del T-MEC en el 2026. Por el lado mexicano, se requerirá establecer una postura delineada sobre los logros alcanzados en materia de inversiones (¿se ha incentivado la producción, el intercambio comercial, la movilidad entre las fronteras?), del desarrollo del mercado regional y de la protección y salvaguarda de los intereses de México en el acuerdo. A este respecto y en vías de la elaboración de un Programa de Trabajo integral mexicano, debemos priorizar el inicio de un trabajo colaborativo integral; es decir, uno que entrelace las labores e intereses de todos los sectores productivos. Sin duda, esto implica la necesidad de una estrecha y coordinada colaboración entre los sectores público y privado, que proporcione un enfoque integral para identificar las verdaderas ventajas y áreas de oportunidad que surgirán durante la revisión del año 2026 por parte de las partes involucradas. Dicho trabajo requerirá un gran rigor que no deberá trastocarse por intereses partidistas o ideológicos, sino que deberá realizarse con una gran responsabilidad, y sustento de manera que, de evaluarse conveniente, promueva la extensión del tratado.


En resumen, la revisión del T-MEC representa una oportunidad innegable para los sectores productivos del país y para fortalecer los diálogos con las candidatas a la Presidencia de la República, con el objetivo de mantener una colaboración respetuosa con la nueva administración. Esto implica establecer mecanismos de comunicación permanentes y continuos que proporcionen un panorama completo del tratado y propongan mejoras para perfeccionar el acuerdo, con el fin de impulsar un mayor desarrollo económico de nuestro país.


 

[1] https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/465768/34ESPDisposicionesFinales.pdf

[2] forbes.com.mx/el-nearshoring-debe-ser-claro-y-ordenado-dice-claudia-sheinbaum/

[3] https://www.infobae.com/mexico/2023/08/19/estos-son-los-10-puntos-denominados-xochitlnomics-para-sacar-de-la-pobreza-a-miles-de-mexicanos/


Este artículo fue escrito por Óscar Granados, Consultor en Grupo Estrategia Política.



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