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México y la Alianza del Pacífico

La Alianza del Pacífico es una iniciativa de integración económica y política conformada por México, Chile, Colombia y Perú, que tiene el objetivo de fortalecer los lazos comerciales, promover el crecimiento económico sostenible y fomentar la cooperación regional en diversos campos. Fue anunciada por los presidentes de los países miembros en abril de 2011, durante la Cumbre de la Asociación de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) en Lima, Perú. Dicho mecanismo fue concebido como una alternativa a los desafíos de la globalización y la necesidad de encontrar instrumentos para aumentar la competitividad de los países miembros dentro del escenario internacional, con la intención de alcanzar la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas.


La conformación de la Alianza respondía, en su momento, a una necesidad de fortalecer a los países que la conforman dentro de la región ante el reposicionamiento de Estados Unidos. En aquel entonces, el ánimo favorable hacia el libre mercado de los presidentes Felipe Calderón (México), Juan Manuel Santos (Colombia), Sebastián Piñera (Colombia) y Alan García (Perú), así como la buena relación con el país norteamericano, permitió que la Alianza se convirtiera en un grupo consolidado, logrando constituirse actualmente como la octava potencia económica y exportadora a nivel mundial,.i.e. un aporte del 41% del Producto Interno Bruto (PIB) de la región.

Foto: Alianza del Pacífico, 2023. Joint Statement (foto). https://bit.ly/3OQlmiT.

México, por su parte, ha desempeñado un papel crucial en la conformación y consolidación de la Alianza del Pacífico. Su economía, posición geográfica y estabilidad política han sido elementos determinantes para impulsar la iniciativa y atraer a otros países interesados en unirse. México, como la segunda economía más grande de América Latina (después de Brasil), aporta una importante cuota de mercado y potencial económico a la Alianza, lo que es un factor clave para fortalecer la posición del grupo como un bloque comercial relevante en la región e impulsar la competitividad regional.


Bajo este contexto, el pasado 25 de noviembre, se tenía contemplada la Cumbre de Líderes de la Alianza en la Ciudad de México. En ella, el Lic. López Obrador entregaría el estandarte al entonces presidente del Perú, Pedro Castillo. No obstante, la reunión fue suspendida y pospuesta, en su momento, al mes de diciembre, pues el Congreso del Perú no permitió la salida de Castillo. Cabe destacar que, al momento, dicha nación atravesaba por una crisis política interna, la cual culminó en la detención y destitución del mandatario, quien fue relevado por la vicepresidenta Dina Boluarte, misma que, hasta el momento, se mantiene al frente del Poder Ejecutivo de Perú.


El presidente Andrés Manuel López Obrador, por su parte, calificó los hechos como “lamentables”, asegurando que Pedro Castillo había sido víctima de acoso y confrontación por grupos de poder inconformes con su forma de gobernar, incluyendo a los medios de comunicación de aquel país. Con ello, el titular del Ejecutivo Federal mexicano no reconoció (y aún no lo hace) la administración de Boluarte al frente del gobierno peruano, pues apunta que él no legitimaría un golpe de Estado.


Ahora bien, con la salida de Castillo del poder, Perú fue testigo de violentas protestas que fueron duramente criticadas por distintos gobiernos de la región, incluido México. Fue así como iniciaron ocho meses de fricciones entre ambos países. Eventualmente, el Congreso del Perú decidió retirar a sus diplomáticos en México y, en mayo pasado, declaró al presidente Andrés Manuel López Obrador como persona non grata, tras haber denostado en repetidas ocasiones la administración de Dina Boluarte y haberse negado a entregar la presidencia pro-tempore de la Alianza del Pacífico a la nueva mandataria.


El titular del Ejecutivo Federal en México aprovechó que las relaciones económicas y diplomáticas con Chile se mantienen estables, por lo que, en junio pasado, se comunicó la decisión de que fuera este país el encargado de ejercer el liderazgo de la Alianza de manera temporal; es decir, durante un mes, contrario al plazo habitual de un año. En el encuentro de traspaso llevado a cabo el 28 de junio en Chile, participaron representantes de los cuatro países. El ministerio de Relaciones Exteriores de Perú, igualmente, reconoció este acto como positivo. La Canciller peruana, Ana Cecilia Gervasi, señaló que, aún si la controversia fue testigo de momentos de grande tensión, el traspaso era resultado de un trabajo constante por parte de ambas naciones para no permitir que esto afectara la histórica relación entre los pueblos. Después de transcurrido un mes en el liderazgo, el pasado 1 de agosto, Gervasi viajó a Perú para entregar el estandarte del organismo a ese país, reconociendo el compromiso de los países miembros con la integración de la región a fin de avanzar con el fortalecimiento y el desarrollo económico de los pueblos que, en conjunto, suman más de 233 millones de habitantes.


Con todo, las tensiones diplomáticas protagonizadas por México y Perú estos últimos meses, dejan en claro que, a pesar de la importancia de las alianzas y tratados internacionales en la promoción de la cooperación, desarrollo y estabilidad entre naciones, éstos son inherentemente frágiles y requieren esfuerzos sostenidos para preservarlos y mantenerlos efectivos. La perseverancia en la defensa de estos mecanismos de cooperación internacional es vital para abordar desafíos globales, promover la paz y la prosperidad, y construir un mundo más interconectado y colaborativo. Y, en este caso, garantizar la prosperidad y fortalecimiento económico de la región ante un dinamismo político que cada vez gravita con más ímpetu hacia las nuevas izquierdas, mayormente enfocadas al bienestar social y superior participación del Estado.


En este sentido, es importante enfatizar el rol que juega México en América Latina, actuando como un puente cultural, económico y político en la región, es así que posee una singularidad que le permite enlazar a las naciones de la región de manera significativa. A lo largo de la historia, el país ha promovido la cooperación y la integración regional a través de organismos como este. Dichas relaciones son cruciales para abordar desafíos comunes como el comercio, la migración, la seguridad y el cambio climático. Mantener relaciones sólidas con los países de América Latina no solo fortalece los lazos culturales e históricos, sino que también crea un frente unido para impulsar el desarrollo en la región. La diplomacia y la colaboración regional son esenciales para enfrentar los obstáculos que afectan a América Latina y para construir un futuro en el que la cooperación y el intercambio prosperen en beneficio de todos los países involucrados.


Este artículo fue escrito por Itziar Berganza, Consultora en Grupo Estrategia Política.

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